lunes, 25 de febrero de 2008

III
LA REVOLUCION DEL MEDIO SIGLO


El pensamiento liberal seguía difundiéndose por el mundo de Occidente, y llegaba hasta América en el periodismo y en la literatura, en las ideas de los comerciantes y de los políticos, conocedores de otras idiomas, otros pueblos y otros conceptos culturales, religiosos y filosóficos. La Constitución del 43, con el peso de la autoridad organizadora y centralista, fué para muchos el motivo de esta reacción liberalizante que pretendía poner al país en el aire de los nuevos tiempos.

La juventud de la Nueva Granada, que se formaba en los claustros universitarios con una enseñanza indudablemente mejorada por la administración de Márquez y la de Herrán, se fué forjando en los conceptos avanzados de los franceses y los ingleses, en especial en el pensamiento de autores como Saint-Simon, Fourier, Proudhon y Condorcet.[1]

En el pensamiento liberal europeo tiene, pues, fuente el que se denominará radicalismo neogranadino de esta época. Los liberales franceses, en especial, aspiraban a darle realidad a las aspiraciones más concretas del ideario de la Revolución de 1789, con sus característica irreligiosidad y la influencia socialista de sus pensadores. También en Europa, la hegemonía de la Iglesia tocaba a su fin desde la rebelión de Lutero, y por ello se buscaba mantener separados los negocios de la salvación de las almas, y del bienestar terrenal de las personas. Las instituciones tendían al laicismo y la organización de las instituciones aclaraba los campos de lo eclesiástico y lo militar para darles su precisa ubicación dentro de la vida civil y como parte de ella, pero sin tolerarles ingerencia ni dictadura sobre la vida del común.

A mediados del siglo diecinueve, Europa había madurado su actitud democrática, y fueron varios los movimientos interesantes dirigidos a ampliar y consolidar la actitud igualitaria en los pueblos, y sobre todo en las clases y castas que los dirigían. La unión de las monarquías, organizada por Metternich desde 1815, no había logrado superar las crisis económicas: la quiebra o estancamiento de las industrias y el consecuente desempleo constituían terreno abonado para las protestas, paros, huelgas y motines, y Europa toda fué en su momento sacudida por el inconformismo. El pensamiento revolucionario desarrollado en Francia y en Inglaterra dirigía sus baterías contra el monarquismo, y en favor de la democracia y el estado nacional. El resultado, en Francia, fué el derrocamiento de Luis Felipe, el rey ciudadano, y un breve período de estructura republicana -la segunda república- hasta 1852 cuando Napoleón III proclamó de nuevo el Imperio.

La década del 40 es, asimismo, la de expansión y difusión del pensamiento comunista original, y de la consolidación de las alianzas internacionales del proletariado o clase trabajadora europea y norteamericana. A los socialistas utópicos, Saint-Simon, Owen, Sismondi, Fourier, seguían los postulados del socialismo científico propuestos por Carlos Marx y Federico Engels, y consagrados en un documento de 1848, el Manifiesto Comunista.

En la Nueva Granada ya se notaba por entonces una diferencia de criterios muy marcada entre los grupos sociales. De un lado estaban los terratenientes con el apoyo de las comunidades religiosas y la Iglesia, defensores de sus privilegios y de sus extensas haciendas; frente a ellos, se unían los comerciantes, los agricultores, los esclavos indios y negros, los trabajadores de las incipientes industrias. Ya se observaba el interés de las clases populares, alimentadas por el pensamiento revolucionario, en provocar un cambio a la tradición reflejada en los gobiernos conservadores de Márquez, Herrán, y Mosquera. -En el gobierno del General Herrán, su Ministro de Instrucción Pública, Mariano Ospina Rodríguez, incorporó el estudio del Derecho Romano, y proscribió el Derecho Constitucional y la tecnica legislativa. La Universidad Nacional tenía facultades de Jurisprudencia, Filosofía, Ciencias Naturales, Teología y Medicina. Y todos los funcionarios de la universidad eran clérigos.

Para suceder a Mosquera, no lograron unidad los conservadores, y se presentaron a elecciones con las candidaturas de José Joaquín Gori y Rufino Cuervo. La elección que, como se recordará, era indirecta y a cargo de los colegios electorales, dió el triunfo al candidato liberal JOSE HILARIO LOPEZ. Pero, al no conseguir una mayoría absoluta, la elección debía ser perfeccionada por el Congreso, lo que se logró en la legislatura de 1849.

LOPEZ hizo una administración con énfasis en el concepto de soberanía popular, y ante la división conservadora gobernó con un gabinete liberal. Abolió la esclavitud, y las penas de muerte y de vergüenza pública por delitos comunes, estableció el juicio por jurados que habían promovido los revolucionarios franceses, adoptó el sistema métrico decimal, creó la Comisión Corográfica, inició la construcción del Ferrocarril de Panamá, expulsó la Compañía de Jesús para evitar su influjo en la política nacional, y con el mismo objetivo proscribió a varios jerarcas eclesiásticos. Suprimió todo control a la prensa. Y para dar la más completa aplicación a la libertad de ejercer profesiones y oficios, suprimió el requisito de los grados académicos y con ello, las universidades.

Ante los desmanes ejercidos en contra de sus personas e ideas, los conservadores ofendidos por la legislación antirreligiosa, la abolición de la esclavitud y la inseguridad generalizada, se declararon en rebelión en 1851, conducidos desde el sur del país por el poeta y general don Julio Arboleda. La revolución fué prontamente sofocada, pero mostró la conveniencia de introducir algunas reformas a la estructura político-administrativa del Estado, es decir, salió a flote la promoción de nuevas reformas constitucionales.

Para las elecciones de 1852 los conservadores se abstuvieron de participar. Y los liberales se presentaron divididos en dos fracciones, Gólgotas y Draconianos. Distinguía a los Gólgotas el interés reformista y la oposición a la violencia, era un liberalismo moderado. Por su lado, los Draconianos querían reformas radicales mediante el ejercicio de una represión autoritaria, es decir, con métodos excesivamente severos como los que se narran del legislador ateniense Dracón.

Si se examina el proceso económico y político, se encontrará que hubo real interés en la modernización del Estado. Mosquera no solamente manifestó ese deseo, sino que tenía visión sobre las conveniencias para el futuro inmediato en busca de la eficiencia del Estado y la organización de la convivencia. Con aplicado juicio tomaba previsiones para mejorar las relaciones con la Iglesia, reformar el sistema impositivo, agilizar la economía y el sistema monetario y de pesas y medidas, profesionalizar el ejército, y estimular el intercambio comercial interno e internacional.

Pero las más memorables reformas se dan en la administración de JOSE HILARIO LOPEZ, con la abolición de la pena de muerte para los delitos políticos, la supresión del estanco del tabaco, la libertad incondicional de los esclavos, la introducción del juicio con jurados populares, y la extinción de los privilegios al clero y a la Iglesia.

Triunfante el General JOSE MARIA OBANDO, gobierna de 1853 a 1854, empieza su administración sancionando la nueva Constitución, heredada del gobierno de López, a pesar de algunas innovaciones en las cuales no tenía fe.

CONSTITUCION DE 1853

Los partidos políticos, ya delimitados sus puntos de vista en materia económica y administrativa, empiezan a debatir dos conceptos que en adelante distanciarán sus proyectos y costarán sangre. Se trata de las relaciones entre la Iglesia y el Estado, y la definición entre Centralismo y Federalismo. La Constitución del 53 consagró la libertad de religión y estableció el matrimonio civil. Atribuyó al gobierno central el orden público y la guerra, la hacienda nacional y los impuestos, el sistema electoral, el control de la moneda. Conservó la libertad de expresión sin censuras ni limitaciones.

Pero cada provincia podía tener su propia Constitución,-y llegaron a conocerse más de treinta en los años siguientes!- aunque los gobernadores eran agentes del ejecutivo central. Los altos magistrados de la justicia eran elegidos por voto popular, con lo cual se introdujo la politización en la administración de justicia. Aunque la Constitución no era definidamente federal, sí daba mucho margen a las provincias para organizar su administración, y los distritos parroquiales o municipios pudieron aprovechar tal circunstancia para mejorar su ejercicio político-administrativo. No había en la Carta mención alguna sobre federación, pero planteaba las bases que con ese fin serían aprovechadas más tarde, en cuanto reservaba a las provincias o secciones territoriales el poder municipal en toda su amplitud. Punto que dió origen a mucha discusión fué la incorporación del sufragio universal, popular y secreto, y con ello la intervención directa de las gentes en la elección de presidente, vicepresidente y gobernadores provinciales. Los personeros de las oligarquías económicas e intelectuales afirmaron que constituía un error dejar tales privilegios a disposición de gentes ignorantes y económicamente poco representativas.

La proliferación de constituciones provinciales cedió posteriormente a las Constituciones de los Estados Soberanos, que llegaron a consolidarse en ocho: Panamá, Antioquia, Santander, Cauca, Cundinamarca, Boyacá, Bolívar y Magdalena.

En 1854 se produce el levantamiento del general José María Melo, con el apoyo del ejército. Melo incita a Obando a desobedecer las instituciones, y ante la cerrada negativa del Presidente, Melo lo reduce a prisión y asume la dictadura, que ejercerá por siete meses. La insurrección es debelada mediante la Unión Legitimista a la cual aportan recursos y apoyo todas las fuerzas políticas. El gobierno de Obando de todos modos termina al ser admitida su acusación y empezar el juicio ante el Senado. Depuesto por éste, es ocupada la presidencia por el Vicepresidente Obaldía, y terminado su período, por el nuevo Vicepresidente Manuel María Mallarino, con lo que el partido conservador asciende al poder. Caracteriza su administración el no haberse comprometido con ejercicios partidistas, y hacer de ella un período en favor de todos los colombianos.

Para 1857 es elegido MARIANO OSPINA RODRIGUEZ, quien era con JOSE EUSEBIO CARO el redactor del Programa Ideológico del Partido Conservador. Administró con un gabinete conservador, pero no hay quejas de intolerancia hacia sus adversarios. Los jesuítas retornaron al país bajo su gobierno, y como hecho trascendental, se expidió otra Constitución. Esta nueva carta, nacida bajo un gobierno conservador, es la antesala de la federalización del Estado que realizarán los liberales radicales en 1863.


CONSTITUCION DE 1858

Se buscó en ella reintegrar la unidad nacional dispersa políticamente en los ocho estados subsistentes, y de ahí la definición como Confederación Granadina. Se delimitan con precisión las atribuciones del gobierno central y de los administradores de los Estados. Puntos característicos fueron la completa separación de la Iglesia y el Estado y la libertad de prensa en forma totalmente irresponsable. Se garantiza en ella la profesión libre, pública y privada, de cualquier religión.

La Constitución se expide bajo la protección de Dios Omnipotente, Autor y supremo Legislador del universo, indicando que los ocho Estados se confederan a perpetuidad. Define los límites territoriales sobre el uti possidetis juris de 1810 con las capitanías generales de Venezuela y de Guatemala. Suprimió la Vicepresidencia, y creó tres designaturas.

Intentando explicarse un proceso en el cual el partido conservador en el poder, propicia una Constitución federalista, que incorpora principios combatidos por el conservatismo tradicionalista, Marco Fidel Suárez dice que "el partido conservador, adoptando los principios de su émulo, se exhibió como renegado, y el guardián del manicomio se contagió de locura".

Aunque constitucionalmente no estaban los Estados definidos como soberanos, en la práctica operaban así porque la Carta estatuía que las atribuciones que no estuvieran adscritas al gobierno general, correspondían a los Estados.

Algunas leyes del legislativo general desataron fuerte oposición porque se consideraban violatorias de los derechos de los Estados. El gobernador del Cauca, General Tomás Cipriano de Mosquera separó su Estado de la Confederación Granadina y se alzó en armas contra el gobierno del Presidente Ospina Rodríguez. Su ejemplo fué seguido por Bolívar, Magdalena y Santander. Mosquera fué reconocido como Supremo Director de la Guerra, y Presidente Provisional de los Estados Unidos de la Nueva Granada, federación conformada por los cuatro estados mencionados. La guerra se extendió a gran parte del territorio y se prolongó hasta 1862, año en que fué vencido el legitimismo y confirmada la dictadura de Mosquera. La Constitución del 58 terminó su vigencia por desconocimiento, sin que se diera ningún trámite para su reforma o sustitución.

Una de las acciones notables de la contienda se desarrolla en las campañas que siguieron a la reconciliación de Obando y Mosquera, cuando este último marcha con tres mil hombres sobre Manizales, en intento de invadir a Antioquia gobernada por los conservadores. Mosquera es vencido por el general Joaquín Posada Gutiérrez y el coronel Braulio Henao en el combate del Observatorio, (hoy correspondiente al Barrio de Chipre, de la mencionada ciudad), y decide retirarse a La Aldea -hoy municipio de Villamaría-. Ante el peligro de una nueva derrota, Mosquera y las fuerzas de la revolución antigobiernista parlamentan con los vencedores y celebran un armisticio conocido como la Esponsión de Manizales, el 29 de julio de 1860. El gobierno central permaneció callado ante los compromisos celebrados en su nombre, y entonces el General Mosquera se abstuvo de entregar las armas, se devolvió al Cauca, reorganizó sus fuerzas, hizo alianza con el gobernador de Bolívar, y se dispuso a conquistar la capital del país.

Dueño del triunfo, empieza Mosquera su dictadura desde la capital con medidas que siguen siendo muy discutidas por los historiadores y los analistas políticos. La tuición de cultos somete a vigilancia gubernamental todos los ejercicios religiosos, y ordena que los ministros del altar obtengan licencia del gobierno para desempeñar sus funciones. La Compañía de Jesús es nuevamente disuelta y sus miembros extrañados del país. Se decreta la desamortización de los bienes de manos muertas, es decir, la expropiación y remate de los bienes que estaban en poder de la Iglesia, originados en donaciones y herencias; la pretensión fué integrar a la economía cuantiosas riquezas ociosas o mal administradas por obispos y párrocos, pero el objetivo no se logró porque rematadas por los terratenientes simplemente contribuyeron a la ampliación de sus latifundios, y con ello de sus privilegios. Las comunidades religiosas fueron disueltas, a medida que se manifestaron opuestas a la inspección del culto y a las expropiaciones de los bienes. Algunos jerarcas religiosos fueron perseguidos por las autoridades, entre ellos el Arzobispo Herrán.

También fué Mosquera creador del Estado del Tolima y del Distrito Federal de Bogotá. Y convocó un Congreso de Plenipotenciarios de los Estados en el que se originó el Pacto de Unión, que dió a la federación el nombre de Estados Unidos de Colombia. Convocó asimismo la Convención Constituyente de Rionegro.

CONSTITUCION DE 1863
La Convención de Rionegro no tuvo representación conservadora. Entre los liberales sobresalientes que concurrieron a ella ha de mencionarse a Salvador Camacho Roldán, Manuel Ancízar, Aquileo Parra, José María Rojas Garrido, Julián Trujillo. En desarrollo de las sesiones primó un espíritu civilista que condujo a decisiones que refrenaran la hegemonía caudillista de Mosquera. A pesar de ser presidente de la República, y simultáneamente Presidente de los Estados de Antioquia y del Tolima, a la par que convencionista, se le obstaculizó la presidencia de la asamblea, que a él le parecía natural asumir.

Se discutieron dos proyectos, uno de Mosquera y otro de Justo Arosemena. Y se expidió la Constitución el 8 de mayo de 1863, prescindiendo por primera vez del nombre de Dios: "La Convención Nacional, en nombre y por autorización del pueblo y de los Estados Unidos Colombianos que representa, ha venido en decretar la siguiente Constitución Política..."

La Constitución les conserva a los Estados el carácter de soberanos, pero omite el calificativo de independientes que les atribuía el Pacto de Unión. Temerosos de personalidades fuertes como la de Mosquera, los convencionistas reducen el período presidencial a dos años. Señalan con precisión las atribuciones de la autoridad central y las de los gobiernos estatales y provinciales, y ordenan para todos perentoriamente la organización sobre los principios de democracia, gobierno representativo y popular, y el compromiso de reconocer las garantías civiles y los derechos individuales como sustento del Estado. Se fortalece el Congreso con atribuciones que le permitían aún neutralizar la acción del ejecutivo en algunos casos. Es abolida la pena de muerte. Se define en diez años la duración máxima de las penas privativas de libertad. Consagra la libertad de expresión sin ninguna limitación. Todo ciudadano tiene derecho a poseer armas y municiones, y aún a comerciar con ellas en tiempo de paz. En forma expresa se decretó la inviolabilidad de la vida humana, lo mismo que la libertad de prensa en los términos más absolutos. Existirá completa libertad de cultos, bajo la inspección del gobierno. La Iglesia estará separada del Estado, y las congregaciones religiosas no serán jurídicamente capaces para la adquisición de bienes raíces. Los oficios públicos podrán ser desempeñados por cualquier ciudadano con veintiún años cumplidos con el requisito de ser o haber sido casado, lo que de rebote eliminaba estos derechos laborales para los sacerdotes y miembros de comunidades religiosas.

Conservó la división clásica de los poderes. El Congreso bicameral tendría un Senado, representativo de los Estados soberanos y con tres miembros por cada Estado, en tanto que a la Cámara de Representantes le correspondería la representación del pueblo sobre la base de un miembro por cada cincuenta mil habitantes.

Un artículo muy discutido fué el que incorporaba el derecho de gentes en la legislación nacional, y con ello permitía la terminación de los conflictos armados por el mecanismo de los tratados entre los beligerantes. Algunos historiadores atribuyen a esta norma la proliferación de las acciones bélicas y los conflictos armados que se dan en este período.

La Constitución del 63 da comienzo a dos décadas de vigencia del pensamiento federalista y liberal a ultranza, que conforman el capítulo histórico del llamado Olimpo Radical, agrupación de pensadores que convocaba las afinidades de Manuel Murillo Toro, Tomás Cipriano de Mosquera, Santos Gutiérrez, Eustorgio Salgar, Aquileo Parra y Santiago Pérez.

El estado general del país tuvo caracteres contradictorios. De un lado se observa el progreso en el campo tecnológico y económico. Se desarrollan las vías férreas y las transacciones bancarias. Surge el telégrafo eléctrico. Se impulsa la navegación a vapor por el río Magdalena. Se promueve la Universidad Nacional. Y con ella y otros institutos se manifiesta la inteligencia en el incremento de la formación de filósofos, científicos, y abogados. El periodismo tiene un auge inusitado.

Pero en los Estados soberanos, que parecen más nueve repúblicas independientes, empiezan a proliferar las constituciones. El de menos redacta y pone en vigencia en tan breve período, tres constituciones. Y el que más, Antioquia, conoce doce constituciones en menos de veinte años. Las ambiciones políticas originan frecuentes conflictos bélicos, y el ambiente de controversia ideológica es permanente y general, ya por motivos políticos, ya por resentimientos religiosos.

La Constitución llevaba en sus entrañas el germen de su fracaso, si se considera que como obra de un solo partido, dejaba por fuera los intereses de medio país opinante. Había herido los sentimientos religiosos, cuyo papel es discutible, pero cuyo arraigo tradicional es incuestionable. Generaba una agitación electoral permanente con tan reducidos períodos para la presidencia y la representación congresional. Permitía a través del federalismo el incremento de intereses familiares regionales y la conformación de verdaderos cacicazgos y repúblicas de bolsillo manejadas por las oligarquías de provincia. El clima de libertades propició abusos que degeneraron en libertinaje. Y por todo ello parece comprensible que en dos décadas haya dado campo a más de cuarenta revoluciones. Y como si fuera poco, los convencionistas exageraron su fe en la perfección del texto e hicieron de ella una Constitución imposible de reformar, pues para realizarlo se requería el voto unánime de un Senado de Plenipotenciarios de los Estados.

LA ADMINISTRACION DE LA COLOMBIA FEDERAL

El primer Presidente, que se acordó sería elegido por la Convención, fué el General Mosquera, quien así ocupaba el cargo por tercera vez (1863-1864). El principal suceso de esta breve administración fué la guerra con Ecuador. Mosquera, confiando la dirección del país a Juan Agustín Uricoechea, conduce personalmente las acciones militares, y con estratégicos movimientos atrae al General Juan José Flórez con todas sus tropas a la hacienda de Cuaspud, y lo derrota por completo.

Manuel Murillo Toro sucede a Mosquera para el período 1864-1866. Es el modelo de conductor civilista y ponderado, y considerado como uno de los grandes personeros del pensamiento liberal. Fundó el Diario Oficial y estableció el telégrafo. Promovió la tolerancia entre sus copartidarios y lo fué con sus opositores, levantó las sanciones sobre los prelados perseguidos.

Se critica a su administración la oferta hecha a Costa Rica de zonas territoriales colombianas, a trueque de que adoptaran la filosofía liberal de los radicales.

En su cuarto gobierno (1866-1867) el General Mosquera reincidió en las acciones persecutorias contra la religión católica y su clero, censuró a sus opositores, y evitó que se le adelantara un juicio político cerrando el Congreso. Su dictadura fué repudiada por muchos, incluídos sus copartidarios, y en un breve golpe fué aprisionado en el Observatorio Astronómico y sometido a juicio por el Senado. Posteriormente fué declarado culpable de algunos delitos y condenado a dos años de prisión y suspensión en el empleo. A instancias del reo se le cambió la pena de prisión por el destierro, y Mosquera se fué a Lima.

En 1867, año de publicación de MARIA, Jorge Isaacs abandonó el partido conservador y se hizo liberal radical. Paraguay estaba en guerra con Uruguay, Brasil y Argentina. Como secretario de la Cámara de Representantes, Isaacs firmó la disposición que declaraba "colombianos" a todos los paraguayos. Como Secretario de Gobierno del Cauca fué defensor de los indios. En el congreso hace oposición al gobierno de Julián Trujillo, que pide leyes de indulto para los sacerdotes expulsados del país y la creación de rentas para el clero. Sobre las memorias de sus actividades subversivas, escribe en Ibagué el libro LA REVOLUCION RADICAL EN ANTIOQUIA.

El Presidente Santos Gutiérrez rige los destinos del país de 1868 a 1870. Militar y abogado, fué siempre respetuoso de las garantías de la civilidad y de sus adversarios en la guerra. Infortunado en algunas tácticas políticas, cuando tres estados de la Federación tuvieron gobernadores conservadores, se atemorizó ante el incremento de la influencia conservadora e intervino aprisionando al de Cundinamarca. Lo cual violaba la constitución que le prohibía intervenir en la política de los Estados.

De 1870 a 1872 ocupa la Presidencia el bogotano Eustorgio Salgar. Culto, tolerante y progresista, impulsó en especial la educación. Invitó para tal objeto una misión pedagógica alemana. Y terminó el período aplaudido por liberales y conservadores.

Manuel Murillo Toro hace un segundo gobierno de 1872 a 1874, menos exitoso que el primero, y perjudicado por la influencia de las oligarquías próximas al mandatario, en especial su grupo, el Olimpo Radical.

Lo sucede -del Olimpo Radical, naturalmente- Santiago Pérez, para gobernar de 1874 a 1876. De una amplia y sólida cultura jurídica, política y literaria, descuella como orador y diplomático. Le atribuyen cierto grado de sectarismo que otros interpretan como simple ejercicio de la política de partido. Desarrolla la instrucción pública y las vías férreas. Ya por entonces se hacen notorias las desavenencias con Venezuela por el problema de los límites. Durante su gobierno se hicieron graves los distanciamientos entre dos fracciones del liberalismo: los radicales, promotores de la candidatura de Aquileo Parra; y los liberales independientes, cuya línea moderada buscaba introducir algunas reformas en la acción política. Estos últimos estaban liderados por Rafael Núñez, y su ideario era mirado con simpatía por el partido conservador. Fácilmente se integrarán unos meses después para llevar el radicalismo a su crisis.

En tal clima, asume la presidencia el doctor Aquileo Parra, liberal autodidacta de origen popular, y uno de los prohombres del liberalismo colombiano. Se observaban peligrosas señales de anarquía y desorden, originados en parte en la insistencia en los gobiernos de partido y en ocasiones la intolerancia hacia los opositores; la educación laica ordenada por el gobierno daba pábulo al resentimiento de los católicos, lo mismo que la asesoría de las misiones pedagógicas protestantes. Y frecuentes enfrentamientos de grupo mostraban la precariedad del entendimiento y la agudización del conflicto generalizado.

La revolución contra el gobierno empieza en el Estado del Cauca, en julio del 76, y se extiende gradualmente a Antioquia, Tolima, Cundinamarca, Boyacá y Santander. A la acción represiva del gobierno prestaron apoyo los nuñistas. Entre los jefes conservadores sublevados sobresale Marceliano Vélez, y del lado del gobierno los radicales Santos Acosta y Sergio Camargo, lo mismo que el nuñista o independiente Julián Trujillo.

Julián Trujillo triunfa sobre los conservadores en Los Chancos -cerca de Buga-, y los vencidos logran reagruparse en Manizales superando los nueve mil soldados, al mando del General Vélez. El ejército conservador se divide, parte para defender la plaza de Manizales, y parte para dirigirse a los llanos del Tolima. Allí, la batalla de Garrapata da resultados indecisos después de tres días de lucha, en noviembre del 76. El General Vélez retorna a Manizales y allí se fortifica, en espera de las tropas de Julián Trujillo. Este, acuartelado en Villamaría, recibe refuerzos gobiernistas y tras arduo combate el 5 de abril de 1877 se apodera de Manizales y obtiene la capitulación del ejército conservador, con lo cual Antioquia queda sometida al gobierno central. En los meses siguientes capitula la revolución en el Cauca, y se declara restablecido el orden público.

Los años de 1878 a 1880 corresponden a la administración del General Julián Trujillo, elegido sucesor de Aquileo Parra. Eximio militar, abogado y político, caracterizado por su espíritu tolerante y democrático. Al darle posesión, Rafael Núñez como presidente del Congreso, lo excita a introducir cambios en la política, con la frase que expresa su intención de estadista: "El país se promete de vos una política diferente, porque hemos llegado a un punto en que estamos confrontando este preciso dilema: regeneración administrativa fundamental, o catástrofe!"

Trujillo contribuyó a dividir definitivamente el liberalismo al conformar un gabinete exclusivamente con liberales independientes, y con ello se atrajo la cerrada enemistad de los radicales, no obstante lo cual algunos de ellos ingresaron posteriormente a los ministerios. Trujillo contrató la construcción del Ferrocarril del Pacífico y el comienzo de las excavaciones del Canal de Panamá.

Con los votos de los liberales independientes y de los conservadores, asciende al poder Rafael Núñez, para el período de 1880 a 1882. Incluye un conservador en su gabinete. Entre sus realizaciones están la fundación de la Escuela Militar y de la Academia Nacional de Música, el desarrollo de los ferrocarriles y la fundación del Banco Nacional, la construcción del Canal del Dique, el indulto a los jerarcas desterrados, la derogación de la inspección de cultos y la apertura de relaciones con España, que solo a esta altura reconoció la independencia de Colombia.

Sin candidato conservador se realizan elecciones, y con votos nuñistas y conservadores es elegido para sucederlo el Doctor Francisco Javier Zaldúa, ilustre y ponderado profesor de Derecho. Falleció sin terminar el primer año de su período, y éste fué completado por el Designado José Eusebio Otálora.

Para el período de 1884 a 1886 la alianza de los conservadores con los liberales independientes triunfa sobre el candidato liberal, y Núñez abre su segunda administración conformando gabinete con independientes, radicales y conservadores.

Pero el bando radical abrió hostilidades contra los proyectos de reformas, y se inició una nueva guerra civil en Santander. El partido conservador brindó su apoyo al gobierno central.

La revolución puso en armas en Antioquia más de cinco mil hombres, pero este ejército liberal fué derrotado en Salamina por el General Juan N. Mateus y posteriormente en Cartago por el General Eliseo Payán. El remanente de las huestes se retiró a Manizales, pero posteriormente capituló.

La revolución tuvo muchos otros combates sangrientos, pero es históricamente destacada la batalla naval de La Humareda, donde los Generales Guillermo Quintero Calderón y Reinales dieron el éxito al gobierno legítimo, el 17 de junio de 1885. Al conocerse el triunfo en Bogotá, el Presidente Núñez exclamó ante una manifestación que concurría a celebrarlo: "La Constitución de 1863 ha dejado de existir!"

No era la primera vez que un Presidente de Colombia derogaba de hecho la Constitución de la República: También lo habían hecho Bolívar con la del 21, Urdaneta con la del 30 y Mosquera con la del 58.

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